Novena al Divino Niño Jesús


Una de las devociones más hermosas y extensas de los colombianos es la del Divino Niño. Comienza la devoción al Divino Niño en Colombia en el año 1907, primero entre los carmelitas y después en la Comunidad Salesiana. El principal promotor de su devoción fue el padre salesiano Juan del Rizzo. Fueron tantos los favores concedidos que los devotos agradecidos propagaron la devoción por todas partes. La confianza puesta en Jesús se fundamenta en sus propias palabras,: "Todo lo que pidan en mi Nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo" (Jn 14, 13). La devoción al Divino Niño es providencial, es luz para un mundo que desprecia la vida humana y en que tantos años son abortados, humillados, usados como objeto o abandonados. ¡Cuánto glorifica a Dios que reconozcamos que Él nos envió a su único Hijo! Él se hizo un Niño pequeñito, un hombre igual que nosotros en todo, menos en el pecado. Mientras el mundo apuesta por el poder de las armas y del dinero, que es la ley del más fuerte, Jesús nos enseña que Él reinará por el amor cuando nos hagamos niños guiados por su Padre Celestial. Nos pide una profunda conversión de corazón: "Yo les aseguro: si no cambian y no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos" (Mt. 18, 3). Vemos entonces que el objetivo primario de la devoción al Divino Niño ha de ser nuestra propia transformación para ser cada vez más como Jesús, en todo hijos dóciles y obedientes al Padre. Así propiciamos su Reino. La devoción al Divino Niño nos hace ir al Padre, por María, en el caminito de la Infancia espiritual.  

 

Acto de contrición

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mil culpas y me has de llevar a la vida eterna.

 

Oración inicial para todos los días

¡Oh Divino Niño Jesús! Confiando en tu infinita misericordia  y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales.

 

Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena.

 

Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre Tuya y también mi Madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén. 

 

Oremos

Haz Señor, que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo en la humildad de su Encarnación, y confesar su Omnipotencia en la debilidad de su infancia, para que, siguiéndolo con sencillez de corazón, acojamos como niños tu Reino, y consigamos el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que por ser Dios, vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oración final para todos los días

Acuérdate, ¡Oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". Lleno de confianza en Ti, ¡Oh Jesús!, que eres la misma Verdad, vengo a presentarte mis necesidades. 

 

Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu Encarnación y de tu Infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo (...).

 

(Aquí se expresa el favor que se quiere alcanzar. Y se continúa:) 

 

Me entrego a Ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén. 

 


Día primero:

"...y se oyó del cielo esta voz: 'Tú eres mi Hijo amado; en Ti tengo puestas todas mis delicias'." (Lc. 3, 22).

Día segundo:

"...Y Jesús les dijo: '¿No sabían que debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre?'." (Lc. 2, 49).